CAMPAMENTO ACEBEDA 2017

CAMPAMENTO ACEBEDA 2017:

A Dios en el maletero:

Entre los días 3 y 13 de julio hemos llevado a cabo una de las actividades más queridas de nuestra parroquia: el campamento de verano. Nos hemos trasladado a un lugar muy cerca de casa, en la sierra de Madrid, para pasar 10 días juntos de juegos, marchas, veladas, piscina, talleres etc. Y ¡cómo no! de limpiarnos los platos, limpiar los baños y las duchas, dormir en el suelo, mojarnos (mojarnos mucho), dejarnos picar por los mosquitos… Pero también de estar con Jesús, de aprender a rezar, de cantarle, de amarle.

Mi labor en el campamento ha sido la de ser “jefe” del campamento de los mayores de la parroquia, los que tienen entre 13 y 15 años. Me gustaría compartir en este testimonio cual ha sido mi experiencia en lo que me ha tocado vivir y dar a los demás, más que contaros las cosas que hemos hecho, que ya todos conocéis, para que juntos demos gracias Dios por cómo nos quiere y cómo cuida a nuestra parroquia.

En primer lugar, os habréis dado cuenta de que he elegido un título quizá demasiado original para este texto. Pues mirad. Una de las cosas más sorprendentes que he vivido en el campamento ha sido la de ver cómo, todas las noches, el Sagrario era trasladado desde la pequeña tienda que le habíamos preparado hasta el maletero de mi coche, que usábamos de sacristía (sí, sí, de sacristía, como lo lees). Al final uno se acostumbra -quizá nos acostumbramos demasiado a las cosas de Dios- pero los primeros días me quedaba fascinado: ¡llevo a Dios en el maletero de mi coche! Y es que este es nuestro Jesús, nuestro Dios cercano, hermano, amigo. Que ha querido estar con nosotros en el campamento aún en condiciones un poco precarias, incluso con la lluvia y el frío. Aunque, siendo sinceros, no se puede quejar, porque los sacerdotes y los seminaristas le hemos intentado cuidar con la mayor delicadeza y dulzura.

En segundo lugar, quiero compartir con vosotros cómo he vivido mi trabajo como “jefe”. Todo el campamento me han acompañado esas palabras de San Pablo que dicen: “la fuerza se realiza en la debilidad”. Y es que muchas veces me he sentido muy incapaz de llevar adelante el campamento. Y no nos engañemos: un campamento te pone a prueba, tanto en tus límites, como en la fe y en el amor; si no se rozan estos límites, es que algo no estoy haciendo bien como monitor. No es que las cosas no salieran, ni mucho menos. Pero a veces el demonio tienta a cada uno con la pobreza de su realidad. En una de las homilías, nuestro querido Pachús nos recordaba que Jesús es el primer apuntado al campamento, y el demonio es el segundo. Creo que mi trabajo más importante en el campamento ha sido aprender a cargar con mi cruz para aprender a dejar trabajar a Jesús. En los momentos que me veía más limitado, más incapaz, en los que experimentaba la soledad, también la falta de ganas y el cansancio, las dificultades para llevar el timón junto a los demás monitores etc, ahí, es cuando me daba cuenta de que las cosas iban mejor. En una ocasión así lo compartí con los demás monitores de mayores: cuando más experimento la cruz, más me doy cuenta de que el campamento sigue adelante con su objetivo, que los chavales están fenomenal, que hay un buen ambiente de amistad, que damos testimonio con lo que hacemos… en definitiva, que nos acercamos a Jesús, porque le dejamos entrar en el corazón, que “la fuerza se realiza en la debilidad”. Y ahora que han pasado unos días del campamento veo con claridad esta gracia del Señor. Todo ha salido bien, a pesar de las circunstancias (y a pesar del jefe).

Una tercera experiencia que quiero compartir, el testimonio de los sacerdotes de nuestra parroquia: Francisco y Pachús. Debo confesar, seguro que junto a muchos otros monitores, que nuestro querido párroco ha sido todo un descubrimiento a la hora de bailar y cantar. Pero también ha sido un verdadero gusto ver cómo cuidaban de todos, desde las cocineras hasta los muchachos más pequeños; cómo poco a poco se aprendían los nombres de todos; verles jugar y reír, pero también sentarse a escuchar y charlar. Homilías hermosas, explicación de los salmos, confesiones a mogollón, bañito de piscina… Sin duda, unos días muy intensos para ellos, pero muy bien aprovechados. Tenemos que dar muchas gracias a Dios por nuestros sacerdotes. Para mí, que si Dios quiere pronto me contaré entre ellos, son un verdadero ejemplo de pastores. Ojalá que estos días también hayan servido para que algún muchacho se plantee la vocación sacerdotal que Dios le quiera conceder.

Finalmente, no podía faltar una palabra sobre los monitores. Tenemos una parroquia conformada por multitud de realidades y caminos la fe. Se trata de una verdadera riqueza que, puesta en común, da mucho fruto. Cada uno ha hecho lo que ha podido. Y no en un sentido peyorativo. Me refiero a que verdaderamente cada uno ha dado lo mejor de sí. Lo ha dado todo, cada uno hasta donde puede. Desde los currantes que han estado con los más pequeños, de los que hay que estar más pendientes que con los demás, hasta la paciencia y el esfuerzo de los que han estado con los más mayores. Muchos han sido un testimonio que me invitaba a mí también a dar lo mejor de mí. Otros, han sido a veces un verdadero apoyo. Y, digámoslo, nos lo hemos pasado muy bien entre nosotros.

Aprovecho para dar las gracias a todos y cada uno de los monitores del campamento de mayores y, como no, a todos los demás (pero los míos, son los míos). Especialmente recuerdo ahora a Víctor, que incluso lesionado por la marcha nocturna -toda una aventura- ha seguido pendiente y sirviendo como podía al campamento. Por supuesto, gracias a los demás jefes y subjefes, que han ido un verdadero apoyo: Rocío, Alejandro, Rafael, Alexander y Emilio. Y gracias también a  todos los que de alguna manera están detrás sin que se les vea mucho, especialmente a Maribel, que con mucho cariño ha dedicado largo tiempo y esfuerzo a que el campamento pueda realizarse. Pero también a Toni, nuestro enfermero, y a todo el grupo de cocina.

Por mi parte, sólo queda decir que me acuerdo mucho de los jóvenes del campamento de mayores. Después de haber compartido aquellos días tan intensos se les acaba cogiendo cariño. Espero que llegue pronto el próximo campamento y poder seguir colaborando en lo que se me pida (¡incluso de jefe!) en lo que el Señor nos quiera regalar.

Ruben Herraiz.

Para mas información:

http://acebeda2017.blogspot.com.es

Gracias por salvarles

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