CAMPAMENTO NAVASFRIAS 2016

CAMPAMENTO NAVASFRIAS 2016:

27441948673_4c4b5fc3ef_oHéroes para el Señor:

Una sugerencia que comenzó como tal, como una mera invitación a vivir algo infinitamente grande, se convirtió en quizá una de las mayores muestras de amor que he tenido la suerte de vivir.

Estos diez días han sido la culminación de aquello que empezó durante una confesión en la capilla de mi instituto, cuando la presión por el estudio no me dejaba ver más allá. El campamento significó desde entonces algo enorme para mí, una nueva oportunidad, un nuevo punto de partida y ahora que ha terminado, me hace muy feliz dar testimonio de ello.

Después de meses de preparativos y reuniones llegó el día, el día de conocer a esos niños que Él había escogido desde el principio y en los que yo volcaría toda mi entrega. Ya solo el viaje de ida fue una gran revelación: 42 niños todos únicos y diferentes con sus propias manías e intereses y yo estaba entre ellos, con toda la teoría aprendida pero ninguna práctica, aunque no sola, pues el Señor más que nunca estaba conmigo. La primera noche fue una de las que recordaré con más cariño: la niña más pequeña del campamento rompió a llorar desconsolada junto a su hermano mientras echaban de menos su madre. Sin pensarlo dos veces me ofrecí a ser su mamá en el campamento y, junto al resto de monitores y sobre todo gracias a Él, conseguimos sustituir las lágrimas por risas y la tristeza por cariño. Jesús se estaba convirtiendo en el héroe del campamento a medida que pasaban los días, haciendo de cada pequeño momento toda una experiencia, de cada breve conversación una amistad sincera y de cada niño feliz un verdadero regalo.

Los días siguientes supe que ya no tenía que tener miedo de fallar a los niños, pues cada vez que les consolaba o les hacía reír me volvía más como ellos, amaba como ellos, jugaba como ellos, era como ellos. Y así mientras yo intentaba acercarles hasta el Señor, eran ellos los que me acercaban a Él con ese amor tan dulce y desinteresado que regalan los niños. Con ellos he vivido situaciones absurdas, serias, graciosas e incluso tristes, y estoy convencida de que no olvidaré ninguna de ellas. Tampoco la que quizá fue la más intima, en la que uno de los chicos me abrió su corazón y dejó que viera alguna de sus heridas más profundas.

A medida que el campamento avanzaba, el cansancio y la falta de sueño aumentaban considerablemente. Hablar con los niños, así como los breves ratos de oración en la capilla o el rezo del rosario por las noches, no sin que se escapara algún que otro bostezo o cabezada de por medio, fueron momentos en los que recobrar fuerzas.

Dios era sin duda el eje del campamento, pues estaba claro que si Él no era el centro de todo y sobre todo de mí, jamás podría darle a conocer a los pequeños. Y así comprendí que ser monitor era como ser un súper héroe: no importa cuántas virtudes o defectos tengas, si tu entrega es completa y servicial y obras por un bien mayor, tú también puedes ser un héroe para el Señor.

Alba.

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