CONVIVENCIA DE CONFIRMACIÓN Y EVEREST

CONVIVENCIA DE CONFIRMACIÓN Y EVEREST:

IMG_4269El pasado fin de semana hemos tenido nuestra tradicional convivencia de confirmación y del grupo Everest con los adolescentes de nuestra parroquia.

Este es el testimonio de una de las monitoras que participaron:

Resumir lo vivido en el fin de semana en pocas palabras es un trabajo costoso, pues desde que llegamos al albergue con un terrenito con porterías y columpios y espacio para los juegos hasta que nos montamos en el autocar para regresar a Alcorcón no hay un solo momento que se desperdiciara.

Quizás serían tres palabras las que podrían definirlo: jugar, comer y orar.

Jugar pues los juegos se encadenaban unos a otros de la mente de los monitores: desde el imaginativo y original con el que comenzamos la convivencia (quitar el post-it de la espalda, recoger objetos indicados por el oráculo…), pasando por las variantes de juegos tradicionales (escondite al revés, pañuelo circular, mareo con balones de diferentes formas) hasta clases de kung-fu y una velada trepidante donde encontrar las piezas de un puzle era la excusa perfecta para que los chicos hicieran pirámides humanas, gesticularan, cantaran y realizaran cabriolas de todo tipo, además de gritar por ver unos columpios que se movían solos bajo la luz de las linternas. Con los juegos los chicos disfrutaron, los monitores no tan jóvenes rejuvenecimos y todos nos reímos muchísimo.

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Comer porque los cocineros que vinieron hicieron una magnífica labor, una excelente comida para recuperar fuerzas: hamburguesas, macarrones, una rica ensalada y una paella para chuparse los dedos. Incluso hubo tarta para celebrar el cumpleaños de Carlos, monitor.

Orar ya que no puede haber una convivencia sin la presencia de Cristo. Catequesis donde descubrimos que con un pequeño gesto que hagamos puede ser mucho lo que cambiemos, a través de Cristo e imitándole, sin esperar a que nos den las gracias; la misa del sábado donde Pachús nos habló del buen Pastor y de los buenos pastores que huelen a oveja; una Hora Santa que a los chicos les encantó, recogimiento, corazones, cantos y propósitos frente al Santísimo para hablarle como amigo, confesiones; la misa del domingo en el monasterio de Santa María de la Cruz, cuya historia explicó Maribel y del por qué se le conoce como el monasterio de la Santa Juana, descubrir qué es una indulgencia plenaria y poder ganarla…

Incluso estas tres palabras dejarían mucho en el tintero porque faltaría hablar de las sonrisas, los gestos, las pistolas de agua, el compañerismo, la ilusión, la carita de angelitos de los chicos antes de despertarles, de las charlas de los chavales por la noche cuando piensan que no se les oye, de los ¿cuándo comemos?, ¿hay chuches?, de las llamadas a los monitores, del fútbol (deporte estrella), de su cansancio en el autobús de regreso y su tristeza al saber que se acaba el fin de semana, pero el brillo en los ojos cuando hablan del próximo evento: el campamento…

Son tantas emociones que no se puede resumir una convivencia, una convivencia hay que vivirla.

Susana García – Vaquero

Para más fotografías:

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