CURSILLOS DE CRISTIANDAD

CURSILLOS DE CRISTIANDAD:

Clausura 83-1Me presento: Soy Mario Delgado, soy de Salamanca. Tengo 24 años… bueno en realidad tengo exactamente un mes.

¿Cómo es eso? ¿Sobreviviste a un accidente y has vuelto a nacer?

Algo así.

Vengo de una familia creyente, una gente extraordinaria que me ha sabido inculcar valores igualmente extraordinarios como la bondad, la generosidad (a pesar de ser hijo único) la paciencia, la humildad…

Valores geniales que, poco a poco, fui enterrando, dejando de lado, apartando de mi vista hasta que llego un punto en el que lo único que importaba en mi vida era mi propia satisfacción, solo importaba ir alimentando el ego hasta límites realmente vergonzosos. La fe en Dios que un día me fue inculcada me parecía en ese momento algo de ciencia ficción, algo para “los demás”, algo ni siguiera planteable. Mi ideal era conseguir todo lo que el mundo material me podía aportar, pasando de objeto en objeto, atreviéndome incluso a tratar a las personas como tal hasta que finalmente tuve una depresión, tiempo en el que me pasé encerrado en una habitación cerca de 3 meses bebiendo cerveza, llorando y durmiendo.

Tiempo después, ya un poco recuperado gracias a la increíble ayuda de mi novia, conseguí salir de aquello, aunque aún faltaba algo en mi vida, aún me faltaba una razón por la que sonreír, por la que mejorar, por la que ser feliz. Entones fue cuando Dios puso en mi camino a un gran sacerdote, el cual no me dejó mas opción que acudir a un cursillo de cristiandad.

¿Yo? ¿Cursillo de cristiandad? ¿Dios cerca de mi? ¡Venga ya! Aún así fui a ese encuentro con un amigo que decidió venir también. Si me hubieran dicho que después de 3 días con gente desconocida, hubiera conocida tal felicidad lo habría hecho mucho antes.

El primer día allí me deshice de todos mis prejuicios, tuve el primer contacto con gente realmente excepcional, rebosante de ternura y amor, virtudes que se fueron contagiando a nivel general, virtudes que hacía tiempo que no sentía. Poco a poco Dios fue desmontando todas las excusas que tenía. La red que había colocado debajo de la cuerda floja por la que iba a pasar fue retirada. Era imposible resistirse a él, así que cerré los ojos y me dispuse a cruzar la cuerda. Paso a paso fui descubriendo que Dios me decía como proseguir, aunque tuviera un desliz en forma de incredulidad, ahí estaba él dándome palmadas de ánimo desde el otro lado, aunque yo no lo viera aún.

Pasaron 3 días, fue el momento en el que me senté, dije que tenía miedo y decidí bajarme de allí. Menos mal que no fue así, ya que mientras estaba decidido a tirar la toalla, Dios me llamó mas fuerte que en toda mi vida. Esto es algo muy difícil de explicar, ya que pertenece en mi opinión a otro tipo de sensaciones. Sentí cómo de una manera muy clara el “me llamaba”, me consolaba y me curaba las heridas. Dios decidió hacerme renacer, abrirme los ojos y dejarme ver que gracias a que había tenido confianza y había estado abierto a él ya había llegado casi sin darme cuenta al final de la cuerda y solo me faltaba un paso para llegar. ¡No podía darme por vencido.

Esto que cuento es algo absolutamente real, no es ciencia ficción, no son historias ni leyendas, sentía la presencia de Dios conmigo, a mi lado, ¡en mi ser! Experimente en “mis propias carnes” (¡Yo! ¡ El mas incrédulo de los incrédulos!) como el sacramento de la confesión me libraba de todo el lastre acumulado durante mas de 10 años, conocí a  Jesús en la eucaristía, le vi en todas esas personas allí presentes. Yo, el incansable buscador de adrenalina arrodillado ante Dios, “borrando” los hechos desagradables y purificándome gracias a él.

Conocer a Dios es la mejor experiencia de mi vida, me ha hecho darme cuenta de cual es mi ideal: Seguir el ejemplo de Jesús allá donde vaya, sin vergüenzas, sin miedos, porque lo normal en la vida debería ser eso, hacer el bien cuantas mas veces y con la mayor gente posible mejor.

Antes de tener esta experiencia yo veía a los cristianos como Teletubbies (con todo mi cariño J), es decir, felices y contentos allá donde fueran por una razón que no entendía, que no sentía, que no estaba dispuesto a aceptar. Ahora lo entiendo todo ¡Gracias Dios por permitirme llegar a ti a través de esta gente increíble! Y si se trata de experimentar esta verdadera felicidad, ¡yo seré Tinki Winki! :p

Después de probar unas cuantas, puedo decir que la felicidad no está en las cosas banales, no está en las modas pasajeras, no está en Facebook ni Twitter, no está en el dinero, ni en el poder; no está en el alcohol, ni en las fiestas desenfrenadas hasta la madrugada con un ligue asegurado, no está en los prejuicios ni el odio en cualquiera de sus vertientes. La única felicidad e ideal verdadero está en Dios, en ese Dios que nos ha dado un mundo increíble, personas asombrosas, experiencias inolvidables y un amor palpable, real, que no es de ciencia ficción ni de leyenda. Pero hay que estar abierto y disponible para recibirlo y a su vez ser capaz de transmitirlo, porque hoy puedo asegurar que Dios existe, que estuvo entre nosotros y aún sigue,  que la Biblia, ese libro que puede resultar de otro siglo, es lo mas actual y moderno que puede haber.

Nadie ha dicho que no resulte duro prescindir de ciertas cosas (que sin lugar a dudas alejan de Dios) lo sé, lo vivo, es difícil, pero también se que si diriges tus fuerzas hacia Dios, se puede vivir una vida realmente feliz, en sintonía consigo mismo, con los demás, con el mundo…

Ésta es la única verdad, y, después del “accidente de mi vida” llevo un mes viviendo de verdad, con la verdadera libertad (mal aplicada anteriormente).

Ir a un cursillo de cristiandad es una experiencia que recomiendo  a todas y cada una de las personas porque esto no es para mayores o jóvenes, casados o solteros, de izquierdas o de derechas…

¡Dios es de todos!

De colores!

Mario Delgado

Para mas información:

http://www.parroquia-inmaculada.es/otros/cursillos-de-cristiandad/