DIA DEL SEMINARIO

DIA DEL SEMINARIO:

P1080597Mi nombre es Víctor, nací en Colombia y con motivo de la celebración del día del seminario mis compañeros y yo estamos llamados a dar testimonio de nuestra vocación sacerdotal y este que es mi primer año, tengo el gusto de poder hacerlo en vuestra Parroquia.

Vengo de una familia de tradición católica, recuerdo como en especial mis abuelos intentaron siempre inculcarme la fe, pero por diversas causas termine viviendo una religiosidad “practica” que me resultaba muy conveniente, ya que tomaba aquellos valores que me parecían importantes y los aplicaba a mi gusto, dejando el resto porque no les encontraba sentido.

Al terminar la Licenciatura vine a Madrid en busca de mejores oportunidades laborales, pero pasadas algunas semanas me encontré con todas las dificultades que plantea la inmigración y empecé a vivir la desesperación de estar sin trabajo, sin ahorros y sobreviviendo gracias a la caridad de amigos. En medio de las adversidades me aferre al único recurso que me quedaba; Dios. Una tarde entré en una iglesia en la calle Bravo Murillo y empece a hablar con Jesús, descubrí que en la medida en que le contaba mi angustia descansaba mi corazón, poco a poco él me llevo de la mano y empece a entender y verdaderamente disfrutar de la misa diaria.

Por diferentes circunstancias termine viviendo en Tenerife y pasados los años conseguí una plaza como funcionario de la Administración, lo que me permitió gozar de gran estabilidad, con el tiempo, en mí, se maduró el deseo de ayudar a otros y poco a poco me incorpore a distintos programas en la parroquia, cuanto más participaba en la vida comunitaria más claro era el llamado a un tipo de dedicación distinto, pero mi corazón estaba dividido entre la vocación y la comodidad que había alcanzado, entre el proyecto de Dios y mis propios deseos y expectativas.

Mi lucha interior continuó hasta un punto en que comprendí perfectamente que, como Cristo, debía vivir la obediencia amorosa a la voluntad del Padre o dejar de llamarme cristiano y en la práctica fue lo que hice, seguía colaborando en algunas actividades pero mi participación en la celebración de la fe y la oración fueron languideciendo hasta quedar en nada.

En enero de 2013, mi abuela materna cayo gravemente enferma y aunque mi corazón dijera que no al plan de Dios, sabia por otra parte que él no da la espalda a ninguno de sus hijos, así que retome la oración junto a mi familia, pidiéndole que nos diera la fortaleza necesaria para afrontar esa situación, de esta manera mi abuela en su enfermedad y muerte dio testimonio de Cristo, avivando y fortaleciendo mi fe.

En ese verano, viajé de nuevo a Colombia para estar con mi familia y aclarar ideas. A los pocos días de estar allí, asistí a un campamento juvenil organizado por la  Iglesia al que habían sido convocados jóvenes de toda la diócesis, en latino américa las diferencias sociales son muy grandes y quien estaba en la tienda contigua a la mía era un chico de unos quince años, muy pobre, con  actitud amenazante, posiblemente miembro de alguna pandilla.

El primer día pudimos hablar unas cuantas veces, reconozco que en él no veía a mi prójimo y por el contrario debido a su actitud, prefería pasar de largo. El campamento consistía en charlas de preparación a la confesión, oración, exposición del Santísimo y cada jornada terminaba con la Santa Misa, mi sorpresa fue mayúscula al ver como el chico se iba tranquilizando y es que a través del sacerdote, Dios se hizo presente en su vida y pudo, tal vez por primera vez, sentir el amor de Dios, sentir su paternidad amorosa sanando el corazón y abriendo un nuevo horizonte, su situación material seguía siendo la misma pero él era hijo de Dios y eso lo cambia todo.

Al día siguiente de la finalización del campamento, asistí a la misa de clausura y pude tranquilamente decir “aquí estoy señor para hacer tu voluntad”, mientras oraba en silencio una fuerza movió mi cabeza hacia un lateral de la iglesia e instantáneamente abrí los ojos, vi al joven orando de rodillas y en él todo era distinto, supe que Dios le había cambiado la vida. Libre y sinceramente, sin miedo a escucharle, yo seguía repitiendo “aquí estoy señor para hacer tu voluntad” entonces pude entender que gracias a la entrega y sacrificio del Sacerdote, Dios se sigue haciendo presente en medio de nosotros y en un momento había obrado el milagro de salvar a ese niño que a ojos del mundo no era más que un despojo y al permitirme comprender esto, Dios estaba realizando un segundo milagro; me daba la gracia y la fuerza necesarias para dar el “sí” a mi vocación.

Victor Marmolejo

Para mas información:

http://www.parroquia-inmaculada.es/sacramentos/orden-sacerdotal/