JAVIERADA 2018

JAVIERADA 2018:

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

– «¿También vosotros queréis marcharos?»

Simon Pedro le contestó:

– «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Estas palabras de Pedro a Jesús, dichas desde el saberse totalmente necesitado de Él, y que se proclamaron en la eucaristía del sábado tras llegar al castillo de Javier han resonado muy fuerte en mi vida en esta Javierada.

Se nos ha invitado a reflexionar y profundizar sobre la alegría, y en estas palabras de Pedro descubro ese camino que el Señor pone en mi vida, para regalarme precisamente su alegria. Porque en mi vida vivo como san Franciso Javier al principio, muy pendiente del reconocimiento y de la fama, y muchas veces poniendo mi corazon en muchas cosas que no son Dios.

En esta peregrinación se me ha dado la oportunidad de experimentar la verdadera alegría que surge de poner a Cristo en medio de las dificultades y de los imprevistos: desde que tu bus salga el último de todos, hasta que se estropee en medio del camino y puedas dormir poco, desde el tener que hacer el esfuerzo de salir de tu comidad y de tu rutina del dia a dia hasta renunciar a tu tiempo de estudio o de ocio por Dios. En todas esas cosas sencillas que se han dado en la peregrinación he tenido la suerte de experimentar que las cosas de Dios llenan mi corazon.

No hacen falta grandes ruidos, ni cosas espectaculares. “El estilo de Dios es la sencillez” nos decía un sacerdote en los laudes del domingo, y ese ha sido el regalo que Dios ha querido para mi en este Javier: recordarme que mi vida es más plena cuando, como Pedro, reconozco que necesito totalmente de Él para sacar las cosas adelante, cuando descubro que los planes de Dios son siempre mejores que los míos, y que no hace falta querer tener todo bajo control, que Dios actúa y provee en mi vida mucho más de lo que yo puedo imaginar.

Con esa alegría que solo da Dios, vuelvo con muchas ganas para acabar el curso, para seguir creciendo en mi vida de fe y para poder anunciar al mundo a ese Dios que está esperando desde la cruz, con una sonrisa en la cara, que nos acerquemos a Él, para que pueda dar sentido a nuestra vida, para que “se alegre nuestro corazón”.

Javier Poyato.

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