LA NOCHE DE ÓSCAR

LA NOCHE DE ÓSCAR:

bancoEl sábado día 29 de marzo, quisimos un grupo de 12 adolescentes, entre los 13 y 14 años de edad del grupo Aconcagua (Everest), tener cara a cara una experiencia con la pobreza en las calles de Madrid, así que tras abastecernos de termos de café, chocolate y caldo caliente, magdalenas y sándwiches, nos presentamos a las 20,30 horas en la estación de Renfe de Atocha. Afuera llovía a cántaros así que nos recorrimos el interior de la estación buscándoles y deseosos de darles lo que con tanto cariño habíamos preparado para ellos.

Pronto empezamos a encontrarnos con ellos. José estaba sentado en un banco en la calle bajo un techo de la estación. Nos comentaba entre sorbo y sorbo de café lo mucho que echaba de menos el “olor” de su pueblo en Salamanca y decía entristecido que no podía volver “porque le echarían a patadas”.

Poco más allá había un pareja de ancianos metidos en sacos de dormir y que al vernos se pusieron en pie tan contentos para recibirnos y cual fue nuestra sorpresa ver que en el suelo, en el hueco que había entre los dos, tenían un gran crucifijo ¡!!.

José Antonio, un joven madrileño que tan solo llevaba unas semanas en la calle y al despedirnos les decía a los chavales : “estudiar, estudiar mucho no os pase como a mí “  .

Vicente, nuestro predicador evangélico, que no paraba de hablarnos de lo bueno que es Dios y lo mucho que tenemos que “estar agradecidos sea en la circunstancia que sea…”  Él había entendido que para ser feliz lo único que se necesita es a Dios.

Muchos fueron los que conocimos esa noche, pero el que más nos llegó al corazón fue Óscar, un hombrecillo enfermo, que llevaba un carrito donde portaba su saco de dormir y una bolsa con cosas de “aseo” (aunque tenia las manos negras como el carbón de coger colillas del suelo, según nos dijo) y que tras beberse tres vasos seguidos de café y cogernos comida (pues no había tomado nada en todo el día), con gran angustia (incluso lágrimas en los ojos) nos pedía que le ayudáramos pues había fallecido su madre y la enterraban al día siguiente a las 9 de la mañana en Rota, un pueblo de Albacete, y necesitaba 22 euros para un billete de autobús el cual salía en una hora desde Méndez Álvaro. Había estado pidiendo dinero a la gente, pero el vigilante de seguridad le echaba a la calle una y otra vez, así que entre todos empezamos a buscar en nuestros bolsillos pues no teníamos mucho ya que habíamos estado unas horas antes merendando en el MC Donald, pero euro a euro conseguimos reunir el dinero….! Qué contento se puso Óscar!! Le dimos un abrazo y muchas muestras de cariño y le vimos alejarse de allí rumbo a su autobús.

Gracias a la generosidad y gestos de cariño de un grupo de adolescentes, Oscar llegaría al entierro de su madre y muchos otros pudieron cenar e incluso desayunar al día siguiente.

“Dios mío, te pedimos por todos aquellos que se encuentran en la calle y que nunca olvidemos que detrás de ese pobre , te encuentras TÚ.”

Maribel Vazquez.

Para mas información:

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