PEREGRINACION DIOCESANA A FATIMA 2017

PEREGRINACION DIOCESANA A FATIMA 2017:

¡Cuántas gracias nos ha dado el Señor!, entre ellas la mayor de todas, la que dijo “Sí”, la que le trajo al mundo, la que nos dijo que era nuestra madre, La Virgen.

Junto a mi familia, incluidos mis padres, y la gran familia que es la Iglesia he podido disfrutar de ir al encuentro de mi otra madre, la santísima Virgen a un lugar en el que se desprende humildad, sencillez, pequeñez…. Vamos aquello que necesitamos para abrir los ojos del corazón, para abrirnos a la transcendencia de las cosas de Dios.

Para nosotros esta era la segunda vez que íbamos a Fátima, todos juntos, los cinco.

Para mí no es casualidad que las dos veces haya ido con mi marido, mi hijo y mis padres, yo sé que es un empeño de la Virgen, que así lo quiere y le doy gracias por ello.

Cada vez es distinta, pues cada uno de nosotros vamos con una situación concreta, la tuya, la de este momento. Vamos a poner nuestras preocupaciones, alegrías, dudas… en manos del Señor y que mejor manera y más segura que hacerlo a través de María.

En un momento dado tuve la oportunidad de saludar a D. Joaquín, nuestro Obispo, que me remarcó la importancia de los abuelos, y la gran misión que hoy día tiene la familia.

He visto a mis padres rezar, a mi marido rezar y a mi hijo rezar. Mi matrimonio, mi familia no está exento de dificultades, pero sé que de la mano de María y confiando en el Señor permaneceremos unidos. Familia que reza unida permanece unida.

Durante la peregrinación pude rezar el Rosario de antorchas del brazo de mi madre. Pude ver el ejemplo de un padre arrodillado. Pude ver a un marido preocupado por su familia pidiendo y dando gracias Dios y pude ver a un hijo que crece feliz en la Iglesia.

Además de todo esto, disfruté de la Iglesia como gran familia. Doy las gracias a toda la organización, especialmente a nuestras encargadas del autobús. Que con tanto cariño nos han tratado, especialmente a nuestros hijos.

Doy gracias a Dios por los sacerdotes que nos han acompañado, especialmente por Carlos, que hacen posible nuestro acceso a los Sacramentos y por su entrega.

Doy gracias a Dios por  cada persona que ha puesto en mi camino, por aquellos que han compartido su testimonio siempre enriquecedor, por los que han cantado y nos han hecho rezar en forma de canción, por los que han dirigido los rosarios, por los que han nos han sonreído y por los que no.

Que Fátima y los pastorcillos sigan siendo escuela de sencillez y humildad para que aumente cada vez más en nosotros el deseo de consolar los corazones de Jesús y María con oración y penitencia como querían ellos, de rezar el Rosario y de rezar por la Paz. Que aumente, en definitiva, nuestro deseo de amarnos.

Ana Guijarro.