SEDER PASCUAL 2017

SEDER PASCUAL 2017:

El pasado martes 11 de abril, un grupo de aproximadamente 70 personas, nos reunimos para celebrar el Seder.

Yo desconocía lo que era el Seder, y nunca había participado en esta celebración. Sin embargo, la providencia quiso que, durante este invierno, coincidiera con un matrimonio, Ana y Daniel, que habían asistido al Seder que nuestra parroquia celebró el año pasado, durante la Semana Santa.

Conversando sobre las experiencias personales que habían enriquecido nuestra fe, Ana y Daniel me dijeron que, para ellos, vivir esta celebración, les había ayudado a entender mejor el momento en el que Jesús instituyó la Eucaristía y el Orden Sacerdotal.

Movida por el interés de conocer más en profundidad esta celebración, hablé con mi marido, y decidimos que, si nada lo impedía, asistiríamos juntos al Seder. Y nuestro deseo se cumplió el pasado martes.

Llegamos al lugar de la celebración, y terminamos de preparar los últimos detalles.

Jesucristo, antes de entregar su vida por nosotros, celebró la cena  Pascual judía, fiesta del Pésaj, en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto.

Los cristianos no la celebramos como los judíos. Para nosotros, el Seder es una cena en la que se recuerda cómo era esta celebración, con sus rituales y simbolismos, y en la que se puede apreciar la relación entre la Pascua judía y la cristiana (en la que celebramos la salvación que nos trae Cristo con su muerte y Resurrección, así como la salvación que nos trae la presencia del Espíritu Santo entre nosotros).

La Pésaj, o Pascua judía, está basada en dos temas:

  • Haggadah, que es la narración del Éxodo, de las principales intervenciones de Dios (Haggadah significa “contar la historia” de la Pascua).
  • Massot, o panes ázimos, que recuerdan el pan del sufrimiento y de la miseria con que el pueblo se alimentó.

No debo revelaros muchos detalles ya que se trata de una experiencia personal, una experiencia en la que entiendes cómo Dios se ha volcado y se vuelca con los hombres, desde el comienzo de la historia del ser humano.

Cuando leemos este pasaje de Jeremías en el Antiguo Testamento, entendemos el gran amor de Dios hacia nosotros:

“Yo pensaba: ¡Cómo me gustaría contarte entre mis hijos y darte una tierra envidiable! […]

Yo esperaba que me llamaras –padre mío- y no te apartaras de mí” (Jr 3, 19)

Mis sentimientos durante la celebración fueron de un inmenso agradecimiento a Dios Padre por darnos en Comunión a su Hijo, y de un inmenso agradecimiento al Hijo por amarnos con el amor del Padre y entregar su vida para nuestra salvación.

La institución de la Eucaristía es nuestro gran tesoro, y tener la oportunidad de profundizar en este misterio, no deja de ser un regalo.

Una vez leí que  Benedicto XVI hablaba de la comunión en estos términos:

“Lo que nosotros comemos en la comunión no es una porción de materia, este alimento es otra clase de alimento, es el Hijo de Dios hecho hombre. Tomar este nuevo alimento no significa, por tanto, comer cualquier cosa, es un encuentro de mi yo con el yo del Hijo de Dios, se trata de una comunión de corazón a corazón.”

Benedicto XVI, “Tu me has preparado un cuerpo”. Porto Santa Rufina, La Storta (Roma) 2000

Todavía estoy asimilando esta experiencia. A mi mente vienen recuerdos que saboreo ahora, despacio, con la alegría y la tranquilidad del conocimiento de que Nuestro Señor se quedará con nosotros hasta el final de los tiempos.

Quiero agradecer a los sacerdotes, y a todas las personas que han colaborado en la preparación del Seder, el esfuerzo realizado y el amor que han puesto en cada detalle y en cada explicación de esta hermosa celebración. Me siento afortunada de haber podido asistir acompañada de este magnífico grupo de hermanos, y desde aquí os animo a que, si todavía no conocéis esta celebración, participéis en ella el próximo año.

Con cariño,

Soraya.

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